El poderoso potencial del teletrabajo sólo se revelará cuando la pandemia haya terminado

5 Feb 2021

TRIBUNA

de Renaud Ghia, director general de Tixeo

«Teletrabajo», una de las palabras que habremos escuchado mucho este año y que ha entrado en nuestro día a día con la crisis sanitaria.

Algunos dirán que no habrá vuelta atrás, que el teletrabajo será cada vez más común, otros dirán que no fue una elección, que esta nueva forma de trabajar fue impuesta y que por lo tanto las empresas pronto se olvidarán de ella y volverán a sus hábitos de oficina y a esa cultura del presentismo que a muchas de ellas les cuesta abandonar. Están bien.

Pero si el año 2020 ha sido a menudo un verdadero trampolín para esta forma de trabajar, las empresas deben hoy desprenderse de esta primera experiencia relacionada con la pandemia y mirar más allá. Imagínese un nuevo mundo en el que cada individuo podrá elegir por su propia voluntad si se apega o no a una oficina fija cuando su trabajo se lo permite y las interacciones sociales que desea tener o no. Ser conscientes del abanico de posibilidades que abre el teletrabajo, tanto para su organización como para la sociedad en su conjunto.

La oportunidad de elegir un estilo de vida nómada

La visión del teletrabajo que tienen las empresas hoy en día se limita a permitir que sus empleados trabajen desde casa, con la condición de que les den la dirección de su lugar de trabajo por motivos de seguro, y que se aseguren de que tienen una buena conexión a Internet para poder colaborar fácilmente. Las posibilidades de desplazamiento de los teletrabajadores siguen siendo bastante limitadas, ya que algunas empresas, incluso antes del teletrabajo, les exigen, por ejemplo, que permanezcan en la misma zona horaria que el equipo en Francia para no complicar los intercambios, o que no se alejen demasiado de la sede en caso de que tengan que acudir a la oficina para las citas. Este año en particular no animó a las empresas a imaginar el teletrabajo a largo plazo, en parte porque algunas personas pueden haberse sentido aisladas. Pero, ¿no es más bien el sentimiento general de las personas cuya vida está marcada por muchas restricciones y largos meses de encierro, en lugar de estar lejos de sus colegas?

Con las numerosas herramientas disponibles en el mercado hoy en día, la llegada del 5G y las mentalidades que cambiarán, trabajar al otro lado del mundo o en el campo de Francia ya no será un mundo de ciencia ficción. Esto ya ocurre en grandes grupos con oficinas en todo el mundo, donde los equipos de Dubái intercambian con otros de Estados Unidos, y va muy bien.

Pero es posible ir más allá, imaginar poder cambiar de ubicación cuando se quiera, dejar de estar atado a una oficina en una ciudad concreta, poder trabajar un tiempo en Canarias y luego cambiar el calor de las islas por el frío glacial de Canadá al año, o al mes siguiente. A medida que la innovación se acelere, las empresas podrán, por ejemplo, organizar reuniones con hologramas de personas en directo para que los intercambios sean menos pixelados y más palpables. Dejar de tener que vivir en un lugar concreto del mundo para trabajar cambiaría profundamente nuestra sociedad.

Hacia una sociedad más flexible y un modelo urbano repensado

En efecto, las actitudes están destinadas a cambiar, y harán que la normativa evolucione al máximo, garantizando al mismo tiempo la seguridad de los trabajadores. El cumplimiento de su adaptación a las normas técnicas y sanitarias para poder trabajar a distancia no debe ir en contra del teletrabajo. Podrán elegir las condiciones en las que desean trabajar y el entorno que más les convenga, ya sea entre cuatro paredes o en una playa, siempre que el trabajo se realice.

En una sociedad en la que la administración y los plazos dictan el ritmo de la vida diaria, es hora de pensar de forma diferente. En un mundo más flexible, la escuela nómada se desarrollaría cada vez más con el apoyo y la supervisión del CNED, los niños podrían aprender dondequiera que estén y desde cualquier dispositivo. Un sistema escolar más flexible permitiría a las nuevas generaciones estar más abiertas al mundo.

Asistiríamos a una transformación en el uso de las oficinas físicas, que pasarían de ser lugares de trabajo a lugares de reunión que permiten a las personas reunirse cuando lo deseen. Muchos más habitantes de la ciudad se trasladarían al campo en busca de una mejor calidad de vida, creando un verdadero éxodo urbano. Pero, ¿qué sería de las ciudades y distritos comerciales desiertos y ya sacudidos por la crisis sanitaria?

Ciudades más verdes con menos tráfico y más viviendas disponibles, repoblación del campo, crecimiento de las pequeñas empresas locales, estilos de vida más saludables, teletrabajo en la próxima década podrían hacer avanzar a nuestra sociedad en la dirección correcta.

Este año lleno de giros y cambios en nuestra sociedad es sólo el comienzo de una nueva era. Aunque no sea aplicable a todas las profesiones, el teletrabajo es uno de los formidables medios para remodelar el funcionamiento de nuestra sociedad, respetando las necesidades de cada individuo. Hoy todavía estamos en estado de emergencia, pero debemos dar una oportunidad al teletrabajo una vez que la pandemia haya pasado.